Título Universitario = $ XXX,XX
En ellas pude percibir que gran parte del alumnado tenía como preocupación primordial pseudo vocacional, el rédito económico a obtener al elegir determinada profesión, por sobre cualquier otro sentimiento o sensación de pertenencia hacia el área presentada. Por esto, surgieron preguntas tales como: ¿Qué tan redituable es el campo laboral de sistemas? ¿Cuánto cobra mensualmente un ingeniero o un analista de sistemas? ¿Cómo cotiza la - hora-hombre - de programación? Y otras preguntas similares apuntando a una suerte de cotización monetaria de la profesión.
A partir de aquí me pregunté si la vocación está transformándose en una variable más, casi secundaria, a la hora de elegir una carrera universitaria.
El tener afinidad con el área, el sentirse capaz en referencia al campo laboral a cubrir, el disfrutar de las tareas a realizar en el ámbito profesional, parecen opacarse cuando del otro lado de la balanza aparece, dotado de una fuerza incontenible, el vil metal.
No me parece mal que el estudiante vislumbre a través de su profesión un medio para vivir dignamente, lo cuál implica una seguridad económica al respecto. Lo preocupante es que solo las expectativas económicas, o por lo menos en mayor medida, motiven la elección de una carrera universitaria y delineen los perfiles de muchos futuros profesionales.
Los títulos no deberían ser un paquete accionario que cotice en bolsa, sino una certificación de capacidad e idoneidad en el desarrollo de una profesión que merezca el mayor de los respetos por parte de la sociedad en su conjunto.


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