Escuela Media o a Medias
La sociedad atraviesa una etapa de crisis y abierto cuestionamiento acerca de la eficacia de la Escuela Media. El imaginario popular cuestiona el “nivel de exigencia” que propone el nivel medio, su validez respecto del camino de crecimiento personal y social y el camino de acceso al mundo laboral. La escuela media se encuentra evidentemente descalificada.
La realidad que circunda la escuela es clara: repitencia que puede conducir a la deserción, distintos tipos de violencia, “desautorización” de la autoridad, maternidad y paternidad tempranas, problemáticas sociales graves como las adicciones o el trabajo infantil. Crisis económica, cultural y ética que, inevitablemente, sacude a la realidad escolar.
¿Cómo debe posicionarse la escuela frente a esta realidad indiscutible?. ¿Cómo debe enfrentar al consumismo, como camino propuesto, como guía de la construcción de la subjetividad del joven?. La escuela debería posicionarse abiertamente desde propuestas educativas que contrarresten su poder de seducción.
Frente a la demanda de “exigencia”, la escuela debe “escuchar” los requerimientos del mundo ocupacional y “preparar” a los jóvenes no sólo para el ingreso al nivel universitario, sino también para la inserción laboral. Reconociendo las demandas de éste último, propiciando el desarrollo de lo comunicacional, el trabajo en equipo, la creatividad, la habilidad para reconocer problemas y la flexibilidad para resolverlos, la adaptación a los cambios, el dominio de idiomas…
Concluyendo, la “exigencia” que la sociedad debe “reclamarle” a la escuela media no se relaciona con el modelo enciclopedista y memorístico del siglo XIX, sino más bien con escuchar la realidad, analizarla, y obrar en ese sentido. Hablamos entonces de una propuesta educativa que parta desde la aceptación de la pluralidad, la escuela debe presentar modelos, espejos en los que los jóvenes puedan mirarse, transmitiendo valores vinculados con la solidaridad, la responsabilidad, el compromiso social, el análisis reflexivo, el pensamiento crítico en busca de la transformación conciente de la realidad, desde un marco ético-social.
Ver: www.me.gov.ar
La realidad que circunda la escuela es clara: repitencia que puede conducir a la deserción, distintos tipos de violencia, “desautorización” de la autoridad, maternidad y paternidad tempranas, problemáticas sociales graves como las adicciones o el trabajo infantil. Crisis económica, cultural y ética que, inevitablemente, sacude a la realidad escolar.
¿Cómo debe posicionarse la escuela frente a esta realidad indiscutible?. ¿Cómo debe enfrentar al consumismo, como camino propuesto, como guía de la construcción de la subjetividad del joven?. La escuela debería posicionarse abiertamente desde propuestas educativas que contrarresten su poder de seducción.
Frente a la demanda de “exigencia”, la escuela debe “escuchar” los requerimientos del mundo ocupacional y “preparar” a los jóvenes no sólo para el ingreso al nivel universitario, sino también para la inserción laboral. Reconociendo las demandas de éste último, propiciando el desarrollo de lo comunicacional, el trabajo en equipo, la creatividad, la habilidad para reconocer problemas y la flexibilidad para resolverlos, la adaptación a los cambios, el dominio de idiomas…
Concluyendo, la “exigencia” que la sociedad debe “reclamarle” a la escuela media no se relaciona con el modelo enciclopedista y memorístico del siglo XIX, sino más bien con escuchar la realidad, analizarla, y obrar en ese sentido. Hablamos entonces de una propuesta educativa que parta desde la aceptación de la pluralidad, la escuela debe presentar modelos, espejos en los que los jóvenes puedan mirarse, transmitiendo valores vinculados con la solidaridad, la responsabilidad, el compromiso social, el análisis reflexivo, el pensamiento crítico en busca de la transformación conciente de la realidad, desde un marco ético-social.
Ver: www.me.gov.ar


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